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Vicente Monsonís

Presidente de la Asociación Provincial de Empresarios Constructores de Castellón (APECC)

   
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lunes, 03 de enero de 2005  
   
   
 

Como hombre de negocios y representante de una importante asociación de empresarios, su agenda está comprometida prácticamente durante las 24 horas del día, siete días a la semana. Sin embargo, su rostro permanece impasible ante el cansancio, y su forma de hablar, pausada y serena, denota un carácter difícilmente alterable.

 

Usted llegó a la presidencia de la APECC en 1997, ¿cómo ha cambiado la entidad y su funcionamiento desde entonces?

Creo que quizás el cambio más relevante resida en la proyección hacia el exterior. Digamos que hace siete años, el trabajo que realizaba la figura del presidente era más exhaustivo, mientras que ahora, los miembros de la junta directiva hemos logrado posicionarnos y estar representados en estamentos sociales tan importantes como la Cámara de Comercio, la Universidad, y cualquier otro ámbito público, económico, institucional, político y social de la provincia de Castellón. Ahora mismo la entidad cuenta con 320 miembros, entre promotores, constructores, empresas de prefabricados, agentes urbanizadores, etc., y hemos logrado crear un equipo compacto que, desde sus diferentes puntos de vista, está apoyando a la Asociación.

 

¿Se pueden resumir los objetivos del colectivo en ese logro de proyección social?

Sí, porque considero que no hay otro camino. A fin de defender los intereses de los asociados la entidad tiene la obligación de estar en cuantos foros sea necesario para que cualquier cuestión que afecte al sector tenga voz, por tanto era una meta obligada. Por otro lado, evidentemente parte de ese camino se recorre proyectando la Asociación a través de los medios de comunicación que reflejan el esfuerzo de los empresarios en el resto de las capas sociales.

 

¿Qué momento vive el mercado inmobiliario de la provincia?

Durante la última década ha pasado por situaciones “curiosas”. En 1994 la provincia de Castellón generaba 4.000 viviendas al año, y 2004 lo hemos cerrado prácticamente con 15.000, lo que significa un incremento de casi el 400 %. Esta cifra indica que la liquidez del mercado ha encontrado su propio cauce. A partir del 96 comenzaron a bajar los tipos de interés asegurando una rentabilidad de los valores inmobiliarios, y por tanto, el sector se reactivó gracias a los flujos monetarios. Eso, junto a una política acertada, con la Ley Reguladora de la Actividad Urbanística aprobada en el año 94, propició el inicio de los primeros proyectos de urbanización de acuerdo a los Planes Generales, y la eclosión general del mercado. Entre 1998 y 1999 el crecimiento del sector fue muy fuerte, tanto que 2000 fue un año de “subida libre” en los precios de la vivienda, ya que no sólo aumentó el precio del suelo, sino también el de los ‘inputs’ que lo acompañaban, es decir, la mano de obra y los materiales. De hecho, incluso se llegó al extremo de tener que importar cemento rumano, o ladrillos de Marruecos o de Turquía porque la provincia carecía de suficiente capacidad productiva. En esos años el sector sufrió muchísimo porque la oferta no acompañaba a la demanda, pero a partir de entonces se hizo un planteamiento estratégico por parte de los empresarios apostando muy fuerte por la compra del suelo para desarrollarlo de forma inmediata, de forma que, aflorando dicho suelo en forma de vivienda se pudo abastecer ese mercado que tensionaba mucho los precios, por tanto se llegó a equilibrar un poco más la venta y la demanda y los precios se atemperaron. Seguían creciendo, pero no a ritmos del 30 %, sino entre un 19 % y un 20 %, es decir, que, en estos momentos, invertir en vivienda sigue siendo rentable.

 

Aún así, son muchos los que piensan que en la provincia de Castellón existe cierta situación de “burbuja” dentro del sector inmobiliario, es decir, que se incrementa demasiado el precio final por el mero hecho de que un bien cambie de manos.

La burbuja se produce cuando el terreno se va pasando entre personas o empresas subiendo el precio sin llegar a entrar en el sistema productivo, pero hasta ahora no ha sido así. Sólo podrían dejar de entrar en el sistema productivo en el momento en que, por costes de producción, el precio de venta lo compensara producir, y la única forma de evitar que esto ocurra es hacer que sigan aportándose flujos monetarios procedentes del exterior de la provincia. De ahí, la insistencia en las alianzas con empresas, sobre todo con inmobiliarias que, con sus circuitos de comercialización den salida a nuestros productos porque, a su vez, el que gente de fuera venga a comprar pisos también conlleva la creación de nuevos puestos de trabajo para los castellonenses.

 

¿Están entrando ya esos flujos monetarios del exterior?

Sí, no de forma tan rápida como nos gustaría pero ya están entrando. De hecho hay acuerdos entre empresas promotoras para ir en conjunto, donde unas aportan suelo y las otras lo comercializan. Otros se basan puramente en lo segundo, de forma que garantizan que un 8 o un 10 % de las personas que traen semanalmente para ver viviendas las compren, lo cual es muy productivo y enriquecedor para el sector. También es una técnica cara, todo hay que decirlo, pero hay que hacerlo.

 

Y se compra, sobre todo, en la zona de costa, ¿no es cierto?, por ello es también la que contempla un mayor auge urbanístico.

Eso es una realidad. Además, tenemos productos de suficiente envergadura y calidad como para poder vender todo lo que construyamos, y para atraer a un sector europeo de renta media-alta que vengan a pasar una temporada larga. La tendencia es ir cada vez más a fomentar los servicios porque la sociedad también se decanta más por el ocio, al turismo residencial. Con la construcción y venta de un inmueble la empresa no acaba su ciclo, sino que continuará con un negocio para ofrecer a su cliente el servicio, mantenimiento y gestión que pueda precisar. Se trata de asegurar una desestacionalización en la demanda, cosa que ya llevan años haciendo en otras ciudades más desarrolladas a nivel turístico, como es la zona del Caribe u otros lugares como Miami, Florida, California, Niza, Mónaco, Marbella, Benidorm… y nosotros tenemos que ir pensando en imponer también ese modelo.

 

¿En ese sentido, Alicante es un punto de referencia?

Sólo en cierto sentido, porque se trata de hacerlo mejor todavía. Cabe recordar que la provincia de Castellón ha apostado por un diseño urbanístico extensivo denominado técnicamente “mancha de aceite”, que contempla grandes zonas verdes, a diferencia de lo que se ha hecho en el sur de la Comunidad siguiendo un modelo de construcción a lo alto. La diferencia de calidad de vida es más que notable y eso los compradores lo saben y lo valoran.

 

¿Qué espera el sector empresarial de la nueva Ley de la Vivienda de la Generalitat?

Esta ley viene a recoger todas las normativas que hasta ahora existían en diferentes ámbitos, por tanto, digamos que esa canalización hacía falta. Por otro lado, también viene a asegurar las obligaciones tanto de los promotores como de los compradores. Nuestra valoración es muy positiva.

 

¿Cree que el hecho de que la Generalitat valenciana y el Gobierno central sean de distinto color político puede afectar al sector castellonense de una u otra forma?

Desde el punto de vista legal e institucional, no, porque el Ministerio de la Vivienda tiene pocas competencias porque simplemente regula ayudas generales para los planes de Vivienda, es más bien una cuestión psicológica. Los sectores económicos se guían, no por lo que tienen en los bolsillos sino por lo que van a tener, el consumo viene dado por el grado de incertidumbre en el futuro. Si entre los gobiernos central y autonómico hay cierta desligazón en este tipo de políticas puede que dentro de unos años tengamos dificultades por la incertidumbre que puedan generar las ventas, pero en principio no está sucediendo y no tendría por qué pasar.

 

mirada íntima

A sus 43 años, Vicente Monsonís Boix está casado y tiene dos hijos, Carlos y Paula. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad Politécnica de Valencia y Master en Economía y Dirección de Empresa por el IESE (Business School). Dice decantarse más por la faceta de gestionar los recursos humanos de la empresa constructora que dirige. Después de ostentar durante casi ocho años la presidencia de la APECC, ha decidido no volver a presentarse para dicho cargo en las elecciones del próximo verano “porque aunque no he perdido la ilusión en esto –según señala-,  hay que dejar que entren nuevas ideas y gente con ganas de coger las riendas para llevarlas a cabo”.  De las responsabilidades que conlleva su cargo opina que lo peor es tener que sacrificar el tiempo que le roba de no poder estar con su familia. Por el contrario, la parte más positiva es “el hecho de ver crecer, desde el punto de vista institucional, una Asociación que tuvo unos inicios muy difíciles y que ahora está representada en todos los ámbitos provinciales”.

 

 
 
 
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