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LOT Y LA CIUDAD-DERROCHE 

   
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jueves, 03 de febrero de 2005  
   
   
 

Lot, como todos saben, es un personaje bíblico que se hizo famoso entre otras cosas por su mujer, convertida en estatua de sal, y su relación con las ciudades de Sodoma y Gomorra. Con este acertado nombre se bautizó también a la Ley de Ordenación del Territorio y Protección del Paisaje (LOT), que ordena el territorio valenciano y sus ciudades. Se trata de una Ley que, como muchas otras, no son de incidencia directa sobre el ciudadano, sino que imparte una serie de directrices generales y específicas que influirán sobre las administraciones y los trámites administrativos.

En mi opinión, esta ley dificulta aún más, si cabe, el ya de por sí complejo mundo del urbanismo y de la relación entre administraciones. La introducción de los aspectos paisajísticos que deben contemplar los instrumentos de planificación urbanística es uno de los primeros aspectos que lo complica porque no hay nada más subjetivo que el paisaje.  Demasiada subjetividad para tomar decisiones sin suspicacias. Aunque, hasta ahora, nadie en la Comunidad Valenciana había legislado sobre el paisaje como un elemento urbanístico o de ordenación territorial y como un recurso económico, a la par que como una evidencia de los criterios de sostenibilidad territorial que debieron aplicarse muchas legislaturas atrás. Esperemos que el paisaje se utilice con buen fin.

La LOT, por otro lado, dentro de sus “Criterios de utilización racional del suelo y minimización del impacto sobre el territorio”, incurre en una serie de contradicciones que ya veremos como podrán salvarse. Por un lado, el legislador valenciano, siguiendo las corrientes europeas de modelo de ciudad, apuesta por una ciudad compacta, frente a la ciudad dispersa. Es decir, parece más lógico una ciudad que crezca hacia arriba, en lugar de que “engorde” a lo ancho donde el territorio se consume menos y los costes de urbanización por construir calles que sólo sirven a unos pocos, sean menores y más efectivos, lo cual no significa necesariamente una ciudad densa y colapsada, si está bien gestionada y se crean los jardines y dotaciones públicas.

Además, en teoría se acabaron los polígonos industriales a precios asequibles y cesiones urbanísticas prudentes. Nuestras ciudades empezarán a consumir suelo creciendo a lo ancho en busca de productos inmobiliarios más competitivos: los unifamiliares. Y, en consecuencia nos apartamos del modelo europeo de ciudad, acercándonos a la “ciudad-derroche”, o lo que es lo mismo, la Somorra y Gomorra de Lot.

 
 
 
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